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Más allá de la Comunicación Asertiva, está LOGRAR tu OBJETIVO

Más allá de la Comunicación Asertiva,

está LOGRAR tu OBJETIVO

 

Alguien dijo una vez: “quien domina el lenguaje domina el mundo”. Ciertamente pienso que no sé si el mundo, pero desde luego sí la situación. Encontrar las palabras adecuadas, en el momento adecuado, especialmente en situaciones adversas, no es tarea fácil.  Sabemos que a través de nuestro lenguaje (verbal y no verbal) podemos lograr diferentes resultados (impactantes, exitosos o desastrosos) y además en un tiempo record, el mismo tiempo que tenemos para “dar en el clavo” cuando expresamos un matiz, una palabra, una frase o un párrafo.

Seguro que te has visto inmerso en alguna de estas situaciones, donde es difícil expresarse de forma asertiva y conseguir tu objetivo: saber decir que no a algo que te solicitan, reclamar algo que te corresponde, mantener firme una opinión sin dejarte influir por los demás, defender tu derecho, comunicar tu oposición en alguna decisión, etc.

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Cuando nos ocurre por primera vez una de esas situaciones,  siempre nos podemos justificar diciendo que nos ha pillado por sorpresa. Además, queremos ser educados, dar lo mejor, no generar problemas y agradar. Así que probablemente no le daremos mayor importancia a nuestra reacción. Te dices: “la próxima vez no pasará”. Pero vuelve a pasar. El problema se repite y se convierte en un hábito y el hábito pasa a ser una exigencia y la exigencia en obligación. ¿te suena?.

Tener razón no es suficiente….

1.- Te animo a tomar conciencia y detectar qué situación se está repitiendo y que decidas por fin poner una solución.
2.- Te animo a que reflexiones que derivó en esta situación. ¿Es el otro quien me lo ha impuesto?, ¿soy yo el que lo ha permitido? de aquí el aprendizaje para que no volvamos a caer en el futuro.
3.- Quisiera preguntarte: ¿Qué quieres conseguir llegado el momento?, aquí te planteo tres resultados posibles:

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¿Quieres tener razón y tratar de imponerla? En este caso puedes utilizar un método racional. Consigues transmitir hechos que te dan la razón. Si sólo buscas la razón, es fácil caer en alguna connotación negativa del otro. Te quedas como estabas o peor, lleno de rabia porque no consigues cambiar nada. Ejemplo: “me llamas en cualquier momento y cualquier hora para hacer horas extras y tengo que estar disponible las 24 horas”.

¿Quieres que el otro te comprenda? En este caso puedes utilizar un método emocional. Buscas tocar la fibra del otro, que te reconforta en el momento pero no obtienes mucho más allá y se  olvida de ti al poco tiempo. Ejemplo “me siento cansado, sin un horario claro no me puedo centrar en el trabajo, necesito organizarme”. No está mal pero dudo de su efectividad. Puede que consigas algo instantáneo como unas palmaditas en la espalda o irte a casa un poco antes.

¿Quieres conseguir tu objetivo? En este caso puedes utilizar un método inteligente más allá del lenguaje racional, emocional o  asertivo. En esta opción el otro se convierte en tu aliado. Consigues generar su implicación y motivación en tu objetivo. “vengo a proponerte un plan de horas extras  que nos va a permitir conseguir mayor control, eficacia y rendimiento”. Seguro que querrá saber más de tu plan.

El uso de palabras mágicas

Si eliges el último método, existen una serie de palabras “mágicas” que te pueden ayudar a construir tu discurso y a concentrarte en tu objetivo. Trata de localizarlas y utilizarlas en tu lenguaje. Estas palabras pueden ser: oportunidad, mejora, beneficio, productividad, calidad, buen trabajo, buen equipo, éxito,  proyecto, control, imagen, reto, confianza.

palabras mágicas

Acompaña las palabras con gestos de confianza, amabilidad cercanía, actitud positiva, cercana, relajada y una entonación adecuada. Ello incrementa poderosamente el resultado.
Evita las palabras negativas, absolutas, indefinidas o duditativas: no, pero, nunca, siempre, esto, aquello,  problema, inconvenientes, no sé, quizás, creo…
Quiero decir, que a través de las palabras, gestos y con mucho temple, puedes lograr dar la vuelta a una situación en menos tiempo y sobre todo con menor coste emocional.

La persona que quiere conseguir su objetivo, por muy difícil que sea,  pero también muy posible, diseña una estrategia bajo estas premisas:

• Transmite hechos sin juicios negativos y con resultados objetivos.
• Valora a los demás positivamente para su objetivo.
• Busca el beneficio de ambas partes.
• Consigue la implicación del otro, le motiva hacia el objetivo.
• Utiliza palabras “mágicas” en su discurso.
• Plantea opciones y acciones para resolver el problema.
• Logra mayor confianza y solidez en las relaciones con los demás.

No digo que sea fácil el reto, pero acaso ¿no merece la pena tu causa?.

Por supuesto que, dejando la razón a un lado (tener la razón no sirve de mucho) y antes de precipitarse en una solución drástica,  se puede intentar conseguir el objetivo de muchas maneras, pero estarás de acuerdo conmigo en que es más inteligente intentarlo de la manera más cordial, fructífera, saludable y en el menor tiempo posible ¿cierto?

Cristina Shima

cshima2016@cshima

Captación-Selección de Talento

Coaching Empleo y Desarrollo Profesional

Formadora, Ponente y Blogger

Universitario con trabajo

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