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Los Siete Pecados Capitales de la entrevista de trabajo.

Cuando Jonathan Rowson publicó su libro: “Los siete pecados capitales del ajedrez” no tardé en comprarlo. Rowson es un afamado jugador escocés, que se ha abierto un espacio reconocido dentro de la pedagogía ajedrecística. Es un ejemplo claro en el que el profesor transciende al jugador.

Él llama pecado en ajedrez a una mala interpretación de la realidad y nos sugiere, de manera resumida, que vigilemos nuestros pensamientos y nuestras emociones. La pregunta es: ¿existe la posibilidad de utilizar los conocimientos que Rowson expone y otros conocimientos estratégicos o tácticos ajedrecísticos para mejorar nuestra experiencia como candidatos?

La respuesta es sí.

  1. Pensamiento. Pensar significa muchas cosas distintas, podemos hacerlo de manera evaluativa o de manera intuitiva. Pero lo importante es tener en cuenta si antes de concentrarnos en desenmarañar una línea de pensamiento (lo que sería el equivalente a una variante en ajedrez) hay otros factores a considerar. Muchos candidatos acuden a las entrevistas centrándose en lo “tienen que decir” no en lo que “tienen que pensar”. El remedio: pi-en-sa.
  2. Relajación. Omisión de los momentos claves. Falta de sensibilidad a la tendencia. Toda entrevista suele llevar una tendencia, es como si hubiera varias entrevistas dentro de una misma entrevista. Las cosas no suelen acabar bien si no llevamos al entrevistador a un estado emocional positivo. Pero no caigas en el error de tratar de enderezar toda una entrevista de tendencia descendente con un comentario ingenioso antes de salir por la puerta. El remedio: sensibilidad.
  3. Avidez. Decía Deng Ming Dao: “El mejor luchador no es feroz”. La partida de ajedrez contiene un reto importante: al contrario de lo que sucede en otros deportes como, por ejemplo, el tenis. Cuando uno falla, tan sólo ve perjudicada relativamente su situación (posición) dentro del partido (partida). Quedan minutos por delante y es posible remontar, sacar el coraje o dejarse llevar en volandas por el público hasta la meta. Los jugadores de ajedrez sabemos que esto no sucede en nuestras partidas, en primer lugar, porque estamos solos “ante el peligro”, la responsabilidad no se comparte con un mal portero o con un árbitro casero. En segundo lugar, porque los errores en ajedrez casi siempre significan la derrota. No cometas errores irreparables por pequeños descuidos. Mucho más importante que regalar una pose estudiada o tratar de ganar puntos con lecciones inteligentes, es no dañar la propia imagen y mantener la entrevista en una sana tendencia creciente o, como mínimo, neutra. El remedio: sentido común.
  4. Materialismo. Está claro que el salario es importante, pero lo es más cuando tienes que hablar de ello. La partida de ajedrez no sólo se gana consiguiendo más material que el rival, existen muchas otras estrategias para catapultar nuestro juego. No es elegante preguntar por el salario nada más sentarse en la silla, y la mayoría de las veces se convierte en un error irreparable de los que hablábamos en el punto 3. He visto en numerosas ocasiones, cómo puestos de una considerable proyección no eran cubiertos por buenos candidatos sólo porque querían cobrar muy poco más a lo ofrecido. En muchos de estos casos el precio de su CV se hubiera incrementado exponencialmente en un año.
  5. Egoísmo. En una de las muchas entrevistas que he llevado a cabo, escuché a un candidato, tras interrumpir mi presentación de la compañía para la que se supone que quería trabajar: “A mí todo eso me da igual, yo lo que quiero saber es lo que me ofrecéis de contrato, salario etc…” Pensar en uno mismo es legítimo, y todos tenemos un ego. Pero el egoísmo siempre rodea todos los errores basados en la falta de objetividad. En una partida de ajedrez: no pensar en las ideas del oponente con el mismo detenimiento que en las propias, pensar en lo magnífico que es su juego durante la partida. Llevar esta analogía al escenario de una entrevista de trabajo nos ayuda a comprender fácilmente qué conductas deben evitarse. ¿La solución?: la profilaxis.
  6. Perfeccionismo. El perfeccionismo se manifiesta en un deseo de encontrar la mejor jugada en todas y cada una de las ocasiones. El perfeccionista es un imitador de un ideal de perfección, y no juega como quien es sino como quien cree que debería ser. En una entrevista de trabajo podemos vernos abocados a una falta de naturalidad que convierta nuestra persona en un personaje. ¿La solución?: la confianza.
  7. Dispersión. Una entrevista de trabajo no dura tanto como una partida de ajedrez. Recordemos que en el ritmo de juego internacional es fácil que las partidas superen las 5 horas. Céntrate durante el tiempo que dure la entrevista. La dispersión es la sensación de que no controlas la entrevista, divagas, pierdes el hilo… Estudios científicos sugieren que podemos perder literalmente nuestras facetas racionales cuando son reemplazadas por las emociones. ¿La solución?: concentración.
Daniel Muñoz

Daniel Muñoz

Licenciado en Derecho

Máster en Recursos Humanos

Máster en Inteligencia Emocional

10 años de experiencia en Departamentos de Recursos Humanos de empresas tecnológicas.

Jugador en activo de ajedrez y profesor titulado.

Especializado en Selección de personal y Derecho Laboral.

 

 

Universitario con trabajo

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