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Hace no demasiado tiempo…

Hace no demasiado tiempo,

en un mundo que aparentaba ser medianamente feliz, los padres, los educadores, los amigos…”vendían”  la creencia, absolutamente convencidos, a sus hijos de los excelentes frutos del esfuerzo, del trabajo eterno en una sola empresa, de la estabilidad, de la fidelidad y sumisión al que te paga, de la ausencia de pensamiento crítico al sistema…

En este contexto, las organizaciones eran capaces de explicar con excelsa precisión y facilidad qué esperaban de sus empleados: las empresas eran sistemas jerárquicos mantenedoras de un estatus quo crónico y de una inmensa burocracia de control. Los empleados respetaban esta jerarquía. La homogeneidad y la estabilidad laboral eran los pilares del sistema, y esta estabilidad moldeaba la vida y las creencias de la organización y de sus integrantes.

Ese equilibrio alcanzado por las organizaciones en esa época pretérita, brindaba a los empleadores y empleados claros beneficios y responsabilidades. Los empleadores se comprometían a garantizar empleos estables y, en muchos casos, de por vida; a cambio, los empleados serían leales a la empresa, reconocerían su jerarquía interna y generarían los mínimos conflictos posibles.

La mayoría de los empleados eran felices con este acuerdo digno de un “cuento de hadas”.

  1. Tenían trabajo.
  2. Esperaban jubilarse en la compañía donde habían empezado a trabajar.
  3. Respetaban a sus jefes.
  4. Tenían esperanza en una jubilación dorada para disfrutar del tremendo esfuerzo realizado durante 65 años. ¡¡¡Parecía que estábamos a punto de alcanzar la maldita zanahoria prometida!!!

zanahoria

Sin embargo, los cuentos de hadas no siempre duran eternamente y terminan de forma feliz para todos. El contexto externo en que operaban las firmas se volvió más competitivo, mundialmente globalizado y a la vez, infinitamente más complejo y caótico, generado por la revolución en los cambios de todo tipo que no cesaban de sucederse de forma constante, en periodos temporales cada vez más cortos, de impacto más intenso en cada ocasión y relevante en todos los ámbitos y actores de la vida.

El contexto interno siguió el ejemplo. Las organizaciones tuvieron que intentar adaptarse con rapidez a los cambios planteados por el contexto de negocios y tuvieron que embarcarse en una transformación drástica, donde como casi siempre, los grandes damnificados fueron los mismos.

nohacetantotiempo2Así pues, la era de la estabilidad fue reemplazada por una era de cambios vertiginosos y una turbulencia nunca conocida por el ser humano anteriormente. La antigua fuerza de trabajo homogénea y leal se volvió heterogénea y, en ella, comenzaron a trabajar y a interrelacionarse diversas generaciones, diversas nacionalidades, razas, genero…y ahora exigen atención a unos temas referidos a las personas que antes no eran tenidos en cuenta.

Se comienza a pedir transparencia, honestidad, excelencia, desarrollo profesional y personal, confianza, conciliación de la vida profesional y personal, significado y sentido del trabajo, comunicación, derogamiento del estatus quo y de la burocracia, cultura de “meritocracia frente a presentismo”, compromiso multidireccional, intraemprendimiento, aprendizaje continuo, líderes emocionalmente inteligentes comprometidos con el desarrollo y la liberalización del talento de sí mismo y de las personas de su equipo.

Y yo me pregunto, ¿Estamos preparados para este desafío?

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*Construido sobre un fragmento del libro “El caos del Talento” de Andrés Hatum

 

Luis Gutiérrez Pérez

Luis Gutiérrez

linkedinActual Director de Capital Humano y Organización de la ingeniería 1A Ingenieros.

Veintitrés años de experiencia profesional desempeñando funciones de alta responsabilidad empresarial, organizando, gestionando y liderando equipos, impartiendo Formación en los ámbitos de Transformación Organizacional, Liderazgo y Crecimiento Personal, e implantando programas de Coaching como herramienta de mejora personal y profesional.

Universitario con trabajo

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