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“Este es un trabajo para …Superman»

“Este es un trabajo para…”

“…¡Superman!”

Esta frase se hizo célebre hace ya muchas décadas por ser la que utilizaba el popular superhéroe de los comics cada vez que iba a entrar en acción y abandonaba su tapadera como el lánguido periodista Clark Kent.

Quienes me conocen bien, saben que soy un fanático del personaje de la capa y la S. Tal vez sea porque la primera película que recuerdo haber visto, en el viejo VHS de la familia, sea la que en 1978 protagonizó un magnífico Christopher Reeve. Y tal vez lo que hacía para mí tan especial al personaje fue la manera en la que Reeve supo interpretar los dos roles de manera tan diferenciada: por un lado el temeroso y frágil reportero Clark Kent, y por otro el valiente y prácticamente indestructible Superman. Y es que hacer que un mismo personaje, sin más tapadera que unas gafas y un peinado diferente, pueda representar dos extremos tan opuestos y llegue a resultar medianamente creíble, requiere una auténtica maestría en el uso del lenguaje corporal, del llamado lenguaje no verbal. Y Christopher Reeve rozó la perfección.

Hay una escena en ‘Superman’ que para mí es un brillante ejemplo del efecto que puede provocar el uso del lenguaje no verbal en la impresión que dejamos en los demás. En ella, y tras un encuentro entre Lois y Superman, éste vuelve encarnando a Clark Kent, su alter ego, para salir a cenar con Lois. Está encorvado, muestra signos de nerviosismo, se toca la cara, se coloca las gafas, y habla titubeando y usando un tono de voz nasal. De repente se queda solo en el salón, y decide que tal vez debe contar su secreto a Lois. Se quita las gafas, adopta una postura erguida y comienza a hablar con un tono de voz firme y seguro… en ese punto observamos una diferencia abismal entre ambos personajes que nos genera una sensación y una imagen totalmente diferente. En ese momento se arrepiente y vuelve a su papel original. Brillante.

No hace falta decir que esto enlaza directamente con los encuentros personales en los que podamos conseguir una oportunidad profesional. Ya sea en una entrevista o en un evento de networking, nuestra imagen dice mucho de nosotros. A través de ella transmitimos mucho a nuestro interlocutor, para bien o para mal, y percibirán en nosotros ciertas cualidades o competencias en base a cómo nos mostremos o cómo nos comportemos. La buena noticia es que este tipo de lenguaje se puede entrenar.

Uno de los primeros pasos puede ser potenciar una actitud corporal enérgica y segura. Teresa Baró, experta en la materia, recomienda partir de la llamada posición VASE, que implica mantener el cuerpo en una posición Vertical, Abierta, Simétrica y Estable. Practícala durante unos minutos y percibe lo que sientes con respecto a tu confianza, tu seguridad… tus posibilidades. “No se trata sólo de una forma de colocar el cuerpo, sino de cultivar un estado del espíritu”, nos indica Baró. Nuestra actitud mental y espiritual y nuestra actitud y comportamiento corporal se alimentan el uno del otro. Practicando tu lenguaje corporal no sólo proyectarás una buena imagen hacia fuera, sino que también tu mundo interior se verá modificado.

Otros hábitos a tener en cuenta son cuidar el aspecto físico a nivel de aseo y vestuario, dando a este un estilo propio pero adecuado al contexto, cuidar el saludo, procurando que nuestras manos estén libres de sudor (puedes usar un pañuelo justo antes de llegar) y estrechando la mano que saluda en posición vertical (la palma hacia arriba es sumisión, hacia abajo dominancia, busca un punto intermedio), mantener el contacto visual y adaptar la posición VASE cuando estemos sentados, con las manos sobre la mesa y sin cruzar los brazos ni poner un objeto entre nosotros y nuestro interlocutor, y por supuesto evitar en la medida de lo posible abusar de gestos como rascarnos, tocarnos la nariz o colocarnos el pelo una y otra vez.

Un 93% de nuestro éxito a la hora de influir en los demás reside en el lenguaje no verbal. El 7% restante lo tiene la palabra. Con esta información, es evidente la importancia que juega nuestro aspecto a la hora de afrontar un proceso de selección.

De modo que mi consejo es el siguiente: practica.

Practica, practica y vuelve a practicar. Haz de ello un hábito con el objetivo de que lo estudiado pase a ser natural. Y como este es un tema que puede dar para muchas páginas, quiero recomendarte una lectura que te será de gran ayuda: “La Gran Guía del Lenguaje no Verbal”, de Teresa Baró.

Y recuerda, tú también eres un/a Superman/Superwoman así que… ¿Para quién es este trabajo?

Foto: http://www.neogaf.com

José Luis SordoJosé Luis Sordo

@jose_luis_sordo LinkedIn Instagram: jose_luis_sordo
Técnico de Recursos Humanos especializado en Selección y Gestión de Redes Sociales en Grupo Mnemo.
Psicólogo por la Universidad Complutense de Madrid.
Más de 10 años de trayectoria profesional en el ámbito de los Recursos Humanos.

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