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¡¡Cómo Ser la “SUPERNANNY” de tu PROYECTO EMPRENDEDOR!!

 

Educa a tu proyecto para que madure de forma coherente y natural

 

Los emprendedores vocacionales suelen experimentar una relación “paterno-filial” con sus proyectos, hasta tal punto que pueden caer en el error de no permitir la evolución de su proyecto de una “edad” (fase) a otra nueva. Por esa misma razón es importante preguntarse y detectar: “¿En qué edad se encuentra mi proyecto?”.

Para poder ayudarte un poco más, hago un repaso de las distintas “fases de edad” por las que debería pasar tu proyecto, puesto que son las mismas etapas por las que pasaría cualquier ser humano y, de la misma manera, si no se tratan con interés y cuidado pueden darse anomalías en el desarrollo.

Trata de identificarte con tu proyecto y sus necesidades, de esa manera podrás darle tu toque distintivo y personal.

NACIMIENTO: Incluimos dentro de este periodo el momento en el que se gesta tu proyecto y cuando sale a la luz. Es una fase de ilusión, planificación, motivación y necesidad de crecimiento personal. Un proyecto, en la mayoría de las ocasiones, lo cargamos emocionalmente y lo sentimos como una especie de “hijo” deseado.

Recomendaciones para esta fase: No te distraigas viviendo del sueño y la ilusión, planifica y cierra los objetivos para prepararte ante el futuro “parto”, marca objetivos realistas a corto plazo.

Lanzar un proyecto nuevo (ayudarlo a nacer) nos produce sentimientos encontrados: ilusión/alegría/satisfacción/autorrealización vs. Miedo/incertidumbre/dudas/ansiedad.

No cometas el error: De no cuidarte emocional y físicamente para tener la fuerza suficiente en la fase de “crianza” y desarrollo de tu proyecto. De vivir en la fantasía y no planificar objetivos reales alcanzables a corto plazo. Tu proyecto debe transformarse de idea a “carne”.

INFANCIA: Es una etapa en la que tendrás que guiar a las distintas áreas de tu proyecto para que “aprendan” a funcionar y engranarse de forma autónoma. Es importante que detectes quienes van a ser las perfectas “nannies” o “educadores” de tu proyecto, aquellos en los que podrás delegar las distintas áreas de desarrollo. Tú no eres el único responsable de la “educación” o desarrollo de tu “pequeño” gran proyecto. Puedes utilizar los recursos que otros ofrecen para que crezca sano, bien formado y fuerte.

Recomendaciones para esta fase: Detecta muy bien, de forma temprana, las necesidades que presenta el desarrollo. Rodéate de colaboradores adecuados en los que puedas delegar ciertas áreas. Recuerda que tú, como padre/madre del proyecto, no tienes por qué tener todos los conocimientos del mundo. Confía también en el buen hacer de los demás. Pero elige bien las manos en que dejas a tu recién nacido. Y, sobre todo, disfruta de esta etapa tan enriquecedora, no vivirás otro momento tan inspirador, creativo y tan lleno de sorpresas. Ver la evolución y crecimiento de tu querido proyecto te ayudará a encontrar la motivación suficiente como para seguir haciéndolo crecer.

No cometas el error: De no delegar y cargarte con todas las responsabilidades de su desarrollo, déjate aconsejar, no tienes que saber de todo (y de hecho es poco operativo y puedes llegar a bloquearte por la ansiedad). No elijas a la ligera tus colaboradores/equipo de “educadores”, elige buenos profesionales expertos en las áreas que te interesa reforzar/desarrollar.

ADOLESCENCIA: Etapa complicada en la cual se suelen plantear varias cosas: posibles cambios de rumbo/planteamiento del desarrollo del proyecto, giros radicales de estrategia, necesidad de desarrollo innovador, adaptación a los tiempos actuales y a las tendencias. Como “padres/madres” del proyecto, es necesario estar muy atentos a las llamadas de atención de nuestro “hijo”. Tenemos que entender en qué mundo vive y qué está reclamando. Pero, por supuesto, acomodarlo a nuestras necesidades propias no haciendo oídos sordos a las tendencias y necesidades del mercado exterior.

Recomendaciones para esta fase: Recíclate e infórmate sobre qué hacen los otros “padres/madres” (la competencia) con sus “hijos-proyecto”, puede que te dé ideas sobre qué es lo que te está reclamando el tuyo. Adelántate e innova siempre. Así mismo, no cedas a todos los ataques de rebeldía de tu vástago, no todas las cosas estarán a tu alcance, así que no le “compres” todo lo que te pida. Se consecuente y adáptalo a tus posibilidades. Con constancia, escucha, apertura a la experiencia, coherencia y acción aflorará la decisión adecuada en cada momento.

No cometas el error: De no abrirte a las nuevas tendencias o tecnologías, aunque escape a tu generación. Escucha cómo está el mercado al que pertenece tu proyecto (al igual que estarías atento a qué tipo de sociedad generacional pertenece tu hijo).

EDAD ADULTA: ¡Cuidado! Tu proyecto ya fluye de manera independiente y ha creado unas rutinas a las que ya estás acostumbrado. De hecho funciona bastante bien sin ti, porque te has preocupado de dotarle de un engranaje y conocimientos que le convierten en una “biomáquina” bastante eficaz. Si llegado a este punto no notas cierta autonomía o “fluir” del engranaje, es que no te has desprendido del rol de “padre/madre” en alguna de las fases anteriores.

No cometas el error: De crear una dependencia obsesiva entre tú y tu proyecto (o entre tu proyecto y tú). Si aún no has conseguido delegar para dejar que el desarrollo fluya sin necesidad de tu acción continuada, revisa si no has superado la fase de la infancia y estás creando una situación anómala que llegarás a no poder abarcar en algún momento. Por otro lado, no descuides la trayectoria de tu proyecto porque puede caer en “vicios” y “rutinas” improductivas y deberás estar cerca para tomar decisiones sobre cómo “reeducarle”, no caigas en el tedio del “siempre se ha hecho así” porque muchos adultos pasan por crisis y necesitan un apoyo cercano para reconducirse. Y como padre/madre de tu proyecto, ese será tu cometido.

Ten en cuenta que: En la etapa adulta, tu proyecto puede desarrollar nuevas áreas de negocio (¡tus “nietos”!), evolucionará y seguirá creciendo. Disfruta de este proceso.

VEJEZ: No debes permitir que tu proyecto se quede estancado en esta etapa, aquí no jugamos con las reglas biológicas, jugamos con el poder de nuestra voluntad de cambio. Sé capaz de detectar esta etapa tan peligrosa y no dejes morir tu proyecto.

No cometas el error: Si notas que tu proyecto ha perdido energía, deberás rejuvenecerlo con tu “varita mágica” de energía. No dejes morir aquello que has creado, transfórmalo. Detecta si tu proyecto está envejeciendo, si debes reorientar su trayectoria para devolverlo a su etapa adulta, o bien si debes dejar morir una parte para que nazcan nuevas opciones que lo enriquezcan.

Ten en cuenta que: Tu proyecto debes mantenerlo adulto, joven y lozano.

Recuerda: No dejes a tu proyecto encerrado en una edad determinada, hazlo evolucionar y acompáñalo en cada una de las etapas de desarrollo. Pero, sobre todo, disfruta del proceso.

¡Mucha suerte!

 

Isabel Fonseca GómezIsabel Fonseca    @ifonsecag       Facebook   www.encaminartecoaching.es
Licenciada en Psicología, UAM
Coach personal certificada TISOC
Máster en Dirección y Gestión de RRHH, UAM
Practitioner PNL por la URJ
Fundadora de enCaminArte Coaching Personal y Artístico
Fundadora de la Compañía de Teatro enCaminArte

 

 

Universitario con trabajo

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